Volver al cuerpo

CÓMO YOGA NIDRA TRANSFORMA EL INSOMNIO EN DESCANSO PROFUNDO

Una exploración íntima del descanso como práctica encarnada, a través del Yoga Nidra y la escucha sensible del cuerpo en la noche.

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Cada vez que comienza una nueva cuarentena de Yoga Nidra, algo se abre. Aunque en cada grupo, algunas personas ya han transitado este espacio y otras lo visitan por primera vez, lo cierto es que —si nos acercamos con honestidad— siempre estamos empezando. Siempre. Porque cada entrega a la práctica es una rendija por la que entra lo que está vivo: una fisura, un matiz, una dimensión aún no habitada. 

Y lo vivo se presenta de muchas formas. En cada grupo conviven historias muy distintas en torno al descanso. Hay quienes duermen bien pero despiertan agotadas. Otras no logran conciliar el sueño, o lo pierden en plena madrugada. Algunas no nombran dificultad, pero sienten inquietud cuando cae la noche. Esa inquietud —ese no saber estar en el silencio, en la oscuridad, en el momento de entregarse al sueño— merece y necesita espacio. No para encontrarle una solución, sino para sostenerla desde otro lugar: la raíz del cuerpo.

Y eso es lo que hacemos en cada cuarentena de Yoga Nidra: volver al cuerpo. Para dejar de pensar el descanso y empezar a sentirlo. Para acompañar lo que emerge en la noche —las imágenes, los miedos, el bullicio mental— con una presencia encarnada, paciente y sensible. No para eliminarlo. No para juzgarlo y juzgarnos. Sino para estar y acompañar a todo eso.

Muchas personas viven la noche con ansiedad. A veces es una inquietud sutil, otras un terror profundo. Otras veces, simplemente, la mente no se apaga: salta de pensamiento en pensamiento como si no supiera detenerse. Esa mente no es enemiga. No es algo que deba apartarse. La mente es un cuerpo más, y produce pensamientos como los pulmones producen aire. Negarla solo la agita.

Por eso, en este camino, no buscamos silenciarla a la fuerza. La invitamos a bajar. A encarnarse. Porque cuando las palabras, los recuerdos y las imágenes encuentran eco en el cuerpo, algo se transforma. Se digiere. Se vuelve otra cosa.

Y entonces, el descanso toma otro matiz. Porque volver al cuerpo no es solo registrar el peso o el contacto. Hay un tipo de sentir que lo incluye todo, pero no se reduce a nada. A veces es una imagen. Otras veces, una sensación sin nombre. Un nudo que también es hueco. Un túnel, un umbral. Algo fresco, sin historia.

Desde ahí, Yoga Nidra se despliega. Y cuando verdaderamente hay espacio en el cuerpo, el descanso se vuelve entrega. Se vuelve comunión con una sabiduría silenciosa que no necesita explicación.

Frente al insomnio o la ansiedad, el impulso suele ser buscar la causa. ¿Por qué me pasa ésto? ¿Habrá algo erróneo en mí? Y sí, esas preguntas también necesitan ser escuchadas, sentidas, acompañadas. 

Algo que he aprendido —y ahí Yoga Nidra ha sido y sigue siendo mi maestra— es que cuando dejamos de buscar explicaciones y entramos por la vía del cuerpo, algo se ordena sin necesidad de ser comprendido. El sentido cambia. El descanso ocurre no porque entendimos, sino porque dejamos de intentar entender.

El cuerpo no necesita instrucciones para dormir como tampoco necesita aprender a descansar. Porque los cuerpos— todos los cuerpos— saben cómo hacerlo. Nacieron sabiendo. Pero han perdido ese camino. Y lo que necesitan es recordarlo.

Por eso, cuando hacemos una inmersión en la práctica de Yoga Nidra a través de una cuarentena, trazamos u camino para recordar cómo dormir y descansar.

Y nos entrenarnos en la escucha: en los gestos mínimos, en cómo disponemos el cuerpo para la quietud, en cómo respiramos sin querer modificar nada. Porque cuando volvemos a eso pequeño, empezamos a confiar. Y desde esa confianza, el cuerpo vuelve a ser hogar.

Hoy te regalo dos preguntas. No para buscarles respuesta desde la mente, sino para que las dejes caer sobre la tierra fértil del cuerpo esas noches en las que el sueño no llegue:

¿Qué es lo que me quita el sueño?
¿Cómo sería descansar en eso que no me deja dormir?

Tal vez lo que nos desvele el cuerpo en la escucha sea algo antiguo o reciente. Tal vez lo conozcamos de cerca o apenas lo intuyamos. Sea como sea, la propuesta es no mirar hacia otro lado, no huir. No exigir que se disuelva. Solo mirar si, incluso ahí, podemos descansar. En medio del parloteo. En la tristeza. En el miedo. Descansar en lo que hay. Descansar en lo que es.