Insomnio & Inludia
la paradoja del insomnio y la somnolencia diurna
Hay cuerpos que no duermen.
Y también almas que no despiertan.
En nuestro tiempo vivimos en una paradoja delicada y cotidiana: por la noche, millones de personas se revuelven en la cama buscando el sueño perdido; por el día, caminan como si todavía durmieran, envueltos en una niebla de somnolencia que empaña el día.
A esta sensación de sueño persistente durante el día, a esta especie de exilio de la vigilia, la he llamado Inludia.
Y así como quien no duerme es insomne, quien no logra habitar el día en plenitud es inlúde: alguien que no puede sostener completamente la luz del día con los ojos de la atención abiertos ni el cuerpo erguido en presencia.
Inludia e insomnio no son opuestos.
Son amantes distanciados pero cómplices de un mismo desequilibrio.
Como señala el psicólogo Rubin Naiman en su libro Healing Night, vivimos en una cultura que ha perdido el alma de la noche.
Una sociedad que le teme a la oscuridad y a la entrega, y que sobrecarga la vigilia con ansiedad y estímulos que desgastan.
Dormimos mal.
Despertamos sin haber abieto los ojos del todo.
En ese limbo, se rompen los ritmos sagrados que nos tejían.
Los números lo susurran en voz baja: hasta el 30 % de la población mundial sufre insomnio. Y un 25 % convive con somnolencia diurna persistente, según la Academia Americana de Medicina del Sueño.
No es solo cansancio.
Es una pérdida del umbral, del hilo fino entre claridad y descanso.
Dar nombre a este estado —Inludia— es ofrecerle cuerpo al malestar sutil.
Es decir: «esto que sientes, tiene forma, tiene causa, tiene un camino de retorno».
Porque no se puede restaurar lo que no se puede ver.
Y no se puede ver sin luz.
Inludia es más que estar cansada: es no haber llegado nunca del todo al día.
Es vivir con la sensación de estar viendo la vida a través de una cortina de niebla.
Si sientes que el sueño te evita por las noches y la vigilia no te abraza durante el día, quizá estés atravesando este estado sin nombre que ahora podemos llamar Inludia.
No estás sola.
No estás roto.
Solo has perdido el compás natural de tu ser.
Recuperarlo es posible.
Implica mirar de frente la relación con la tecnología, la luz artificial, los ritmos impuestos, el miedo al silencio.
Implica reeducar el cuerpo, reconciliarse con la noche, y aprender a habitar el día como un acto de presencia.
La buena noticia es que el cuerpo recuerda.
Y el alma también.
Y en el momento menos pensado, un rayo de sol verdadero puede empezar a clarear dentro.
¿Qué puedes hacer cuando la noche no abraza y el día no inspira con su luz?
Volver al ritmo de la tierra: salir al sol, cerrar pantallas, respirar en la mañana.
Honrar la noche: hacer del atardecer un ritual, invitar al cuerpo a rendirse sin violencia.
Practicar yoga nidra: no solo como técnica, sino como plegaria silenciosa al descanso profundo.
Escuchar el cuerpo con ternura: entender que el insomnio no es un fallo, sino una señal. Que la Inludia no es pereza, sino desconexión: de tus ritmos, de tu pulso, de la danza siempre oscilante entre luz y oscuridad.
Si te reconoces en este estado de vigilia interrumpida, si la noche se te escapa y el día no te habita, te invito a quedarte cerca.
A suscribirte a este espacio de palabras y pausas.
A compartir este artículo con otras almas inlúdes, con otras insomnes silenciosas.
Porque solo cuando nombramos nuestras sombras, comienza a clarear el día dentro.