Afirmaciones.

CUANDO EL CEREBRO NO SE DEJA ENGAÑAR.

Hay libros que llegan como un susurro, otros como un golpe de viento fresco. Y luego están esos que se instalan en las manos con la calma de quien sabe que han llegado en el momento exacto.

 

Ahora mismo hay tres libros abiertos sobre mi mesa —como umbrales, como espejos. Y junto a ellos, las newsletters que elijo leer con calma y parsimonia, como quien descifra mapas para navegar estos tiempos.

Una de ellas es la de Jose Sánchez, autor de Mente Salvaje.

Fue el último libro que leí antes de sumergirme en los tres que ahora me acompañan. Sus palabras tienen algo de claridad afilada y, a la vez, de ternura necesaria.

 

En uno de sus últimos correos, compartía una reflexión que hoy comparto yo contigo.

 

Decía que la ciencia lo confirma.

El cerebro no se deja engañar.

Si las frases afirmativas que nos decimos no están en sintonía con lo que sentimos, el cuerpo lo nota.

Y esa disonancia, lejos de generar confianza, activa una resistencia profunda.

 

Incluía también un estudio en el que se muestra que las personas con baja autoestima, al repetir afirmaciones positivas, terminaban sintiéndose siempre peor.

Nunca mejor.

No es la autoestima la que genera un buen desempeño.

Es el buen desempeño, la coherencia encarnada, la que cultiva una autoestima verdadera.

 

Reflexiones como éstas forman parte del humus en el que enraíza la propuesta de Sankalpa · El poder de la intención.

Un taller en el que descender a la raíz de nuestras intenciones. No desde la exigencia o el autoengaño, sino desde la presencia, la escucha y la ternura.

Esa ternura que nace cuando dejamos que sea el corazón el que nos guíe. Y la coherencia cardíacada la que teja la frecuencia desde la que nos adentramos en el poder de la intención.

 

Las puertas para este taller están cerradas ahora, pero cuando vuelvan a abrirse, te enviaré una carta escrita desde alguno de esos umbrales que se abren en medio de una siesta o de un amanecer.

Ahí donde lo que emerge siempre lo hace en medio de una ensoñación.

 

Hasta entonces, te regalo esta pregunta:

¿Y si tus verdades ya estuvieran brotando como raíces bajo la tierra, solo esperando tu quietud para florecer?